Máquinas de café nuevas, empresa nueva y, por supuesto, precios más altos. Pero eso no es lo realmente importante. Lo verdaderamente "maravilloso" es que ahora nos insisten en usar una llave monedero o una app para pagar, todo por nuestro bien, para hacernos la vida más fácil.
Y entonces llega la sorpresa: parece que esas llaves y aplicaciones saben dónde sacas el café, cuántos tomas, a qué hora y en qué máquina. Casi les falta preguntarte si lo quieres corto, largo o con sacarina.
La preocupación ya se ha trasladado a la Dirección y a los responsables correspondientes. ¿La respuesta? Ninguna. Silencio absoluto. La callada por respuesta.
Esperamos una aclaración. Porque si no llega, todos sabemos perfectamente cuál será el siguiente destino de este asunto. Y no será precisamente la máquina del café.
