Incluso SEAT sigue viva gracias a que los Ibiza y Arona de gasolina pagan las nóminas en Martorell, mientras el Grupo Volkswagen retrasa fábricas de baterías por falta de demanda. Los japoneses, con Toyota a la cabeza, están viendo cómo el tiempo les da la razón: apostar por la diversidad tecnológica era el camino correcto.