La llamada «Estrategia eléctrica» del Gobierno alemán se ha convertido en un boomerang económico. Lo que pretendía ser una revolución ecológica se ha transformado en un desastre industrial: más de 40 grandes proveedores del sector automovilístico, con facturación superior a 10 millones de euros anuales, se han declarado en quiebra sólo en 2025, según datos de la consultora Falkensteg.
Las perspectivas son aún peores. Para 2026 se prevé un aumento del 30% adicional en las insolvencias, mientras el país pierde aceleradamente su liderazgo tecnológico. Las reestructuraciones fracasan, las adquisiciones se frenan y la producción de vehículos eléctricos alemanes se hunde ante la competencia china.